domingo, 18 de febrero de 2018

Sobre la escritura y la oratoria (II)



2.- Intenciones.- Corresponden a los motivos subjetivos que direccionan al individuo a disponerse frente a una determinada situación objetiva.
    -    En el habla escrita: Es decir, la escritura tiene la intención de ser leída, sea por otros o por uno mismo, su función radica en albergar una serie de códigos que, en unión sintagmática, den a entender algo (que tengan un sentido). Ahora bien, el significado de una intención para escribir, podría enlistarse en términos generales como: “para ser leído, para organizar datos, describirlos o simplemente valorarlos.” Diremos que las intenciones refieren al individuo como posibilidad de alteración en la materia, ocasionando la clasificación, transformación y discriminación de la misma, en una diversidad de objetos que refieren ora a su pragmatismo, ora a su esencia categorial.
 (que definiremos, según las palabras de Joe Daniel, como “fijaciones del sujeto a la materia” (véase: Glosario: aproximaciones Parte 1- Cuestiones físico-filosóficas -Objeto)).

-        En el habla oral: se pretende o bien ser escuchado, o bien simplemente enlistar una serie de objetos, mediante el discurso hablado. Aquí se parte de las expresiones del sujeto hablador, para terminar en la comunicación con el sujeto al que se habla. Es así, pues, que ya comenzamos a ver las distintas copulaciones existentes entre la expresión y la comunicación; copulación debida precisamente a sus distinciones e intersección mutuas. Diremos que, al enunciar algo oralmente (es decir, al <<decirlo>>), se intenta emitir algo (o expresarlo) con la intención de volver posible la comunicación de tal objeto hacia el receptor. Si hay quien se habla a sí mismo de algo, es porque busca precisamente volver ese algo comunicable para sí (como cuando cada quien busca su metodología interna para la resolución de problemas algebraicos, anímicos, etc., lo que no quiere decir que los problemas algebraicos o anímicos dependan del modo en que cada sujeto los expresa; sino que más bien cada quien busca su respectivo camino (enunciándolo) para llegar a las mismas respuestas (o conclusiones) sobre determinados objetos). Tales respuestas configuran el límite de la comunicación; el enunciado se modifica, y por tal, también la expresión; pues, en base al sujeto hacia el cual se intente comunicar ese determinado enunciado, se modificaran debidamente los canales expresivos empleados: lo que demuestra el carácter variable de una expresión concreta, dependiendo del contexto en que se plantee expresarla, dependiendo los fines comunicativos que se pretendan con ella. Una expresión y el enunciar algo, corresponden a dos conceptos copulativos, cuya función principal radica en la copulación entre lo <<ya-ahí>> y lo <<puesto-ahí>>. Teniendo como concepto unitario, sosteniéndole, al mundo en tanto que realidad externa e independiente del sujeto que la concibe. Y al sujeto,
Nuevamente, un enunciado refiere a la expresión descriptiva de uno o varios significantes como lo que son en sí: una serie o series de elementos particulares y concretos propios del objeto, que designan o construyen al significado de algo, y que, en reunión conclusiva, constituyen al significante, es decir, todo aquello que algo significa; proceso que conlleva, en sí, una síntesis que definimos como habla.

domingo, 11 de febrero de 2018

Sobre el habla escrita y la oral



¿Qué es la escritura y qué la oratoria? –Nos preguntamos– ¿Se distinguen? ¿Cómo se las podría categorizar y clasificar respectivamente? ¿Qué piezas son las necesarias, y cómo aplicar cada una?
Aunque el lenguaje, en sí mismo, pueda ser considerado en sus rasgos más abstractos y constituyentes (como lingüística y sus conceptos: significante, significado; (los elementos gramaticales) sujeto, predicado y objeto); eso no quiere decir que vayan desligados de la materia que designan (el idioma, dialecto, o tipo de lenguaje empleado: no es lo mismo el lenguaje de programación, que el lenguaje empleado por un físico al redactar un tratado), puesto que es en ella, es decir, en los distintos escenarios donde los enunciados puedan ser expresados, dónde cobran una forma y un cuerpo concretos, es decir, adoptan un sentido. Así, quedan determinados dos módulos que nos servirán para sustentar la estructura central de este ensayo: los módulos de significación y su sentido.
La contraposición que planteamos, se da refiriendo los resultados de la siguiente indagación.- “El concepto de significación y sentido de las expresiones idiomáticas –pone el Diccionario filosófico, 1984–, se especifica en la semántica lógica. Se suele entender por significación de la expresión idiomática el objeto o clase de objetos que designan (denomina) la expresión dada, y por sentido de la expresión, su contenido mental, es decir, la información que contiene la expresión dada y gracias a la cual esta última es referida a uno u otro objeto”.
Designé a los elementos del lenguaje en las siguientes franjas: “materiales corpóreos del habla, intenciones del habla y técnicas de aplicación del habla”. Me referiré a ellos desde un punto de vista literario-discursivo exclusivamente. Discriminando cualquier otra función que pueda asignársele a los objetos tratados en este ensayo, es decir, que estén al margen de su esencia como entidades encerradas operatoriamente.

1.- Materiales corpóreos del habla.- aquellos elementos estrictamente físicos con los cuales el sujeto operario realiza su función operativa; ya no sobre cada <<elemento físico>> sino sobre la conjunción de todos ellos, es decir, sobre su sentido –conjugados en compuestos sintácticos complejos (lo que ya es hablar de una técnica aplicada al habla, y no de un material corpóreo del mismo; puesto que el cuerpo y la esencia de sus categorías no siguen <<siendo>> lo mismo que las unidades que eran, una vez que han sido aplicadas sobre ellas una determinada cantidad de técnicas que componen con ellas, una determinada estructura).
El producto de tales procesos, darán como resultado la reunión general de objetos fijados esencialmente (cuyas propiedades son la de ser naturales y “ya dados” al hombre) y que son vueltas todas ellas en un mismo sentido. Como dijimos, nuestro punto de vista aquí, será literario-discursivo. Aclaramos esto, puesto que, un esfero, por ejemplo, puede también usarse con fines ajenos a su límite esencial. Por ejemplo, diremos que para querer hacer un hueco en una manzana, será tan aplicable un palo de chupete como un esfero; entonces lo que vale no es su facultad de esfero en tanto que esfero, sino más bien su forma alargada y filuda, y así, no su técnica de aplicación propiamente.
-        En el habla escrita: los elementos primarios con los cuales se estructura una determinada técnica de aplicación que funcione para retratar el habla de algún modo sensitivo y estructurado simbólicamente (el pino o el abeto, el grafito o el acero de wolframio), muy independientemente de su facultad personal: es decir, prescindiendo del sujeto expresando habladamente un objeto y comunicándoselo a otro. ¿Por qué? Porque no queremos confundir los elementos esenciales que constituyen una estructura, como si estos fueran lo mismo que la reunión (o la composición) sintética que opera entre ellos, basados en sus componentes materiales y sistemáticos: lo que implica más bien un análisis de las técnicas de aplicación que se conjugan en una determinada sustancia sintética, realizada con determinados fines encerrados a su esfera (el esfero, el lápiz, la hoja). Pero hablar de ello, sería otra cosa distinta y respectiva a otro lado.
Ahora bien, la relación entre emisor, objeto emitido y receptor, en el caso del habla escrita, no es inmediata, como sí lo es en el habla oral, que más bien nos parece de carácter mediato; es decir, quien lee algo escrito, puede hacerlo sin ver a quien escribió el texto que lee; e inclusive, quien lo escribió podría haber muerto ya, y sin embargo, se le sigue leyendo. Tal es, pues, evidencia de la esencia mediata de la escritura; puesto que obviamente, para que algo sea hablado oralmente, es menester que la presencia a expresarse oralmente, <<esté allí>> o sino, acaso, la presencia del ser de su voz. De otro modo, no sería un habla oral. Precisamente, lo que caracteriza a la persona muda, es el hecho de que no habla; aunque el lenguaje de señas empleado por ellos, pretenda sustituir al habla oral, por una más bien gesticular: son cosas totalmente distintas, que funcionan en un mismo sentido: la expresión como canal regulador de la comunicación. Resultaría imposible ayudar a quien no habla oralmente, y solamente lo hace gesticulando, puesto que el desconocimiento vuelve imposible la comunicación entre ambas partes. Entonces, aunque haya expresión por una parte, no hay comprensión de la misma por la otra, y por tal, tampoco comunicación entre ambas.
Y si esto es así, determinaremos que es gracias a lo que se puede sustentar en el concepto de lectura que procedemos a estructurar.
-  Añadiremos aquí a la lectura (o capacidad para leer, descifrar o abstraer un conjunto de signos expresados en forma escrita), por ser necesarios para la adquisición de un método a la hora de entender lo escrito y volver a escribirlo (el lenguaje es, en sí mismo, el acto hablado de representar al mundo por excelencia): entendiendo que puede leer quien antes haya escrito, y escribe quien antes se le haya enseñado a leer. Un niño reflexionando: “si escribo árbol, luego tengo que leer la palabra para asegurarme de haberlo hecho correctamente. No obstante, para saber cómo se escribe la palabra árbol, tendría que haber antes leído la misma palabra pero escrita por alguien distinto. Tendría que haberla aprendido como significante que denota a otro significante, ¿cómo? Pues dibujándolo. La palabra árbol, aunque no sea un árbol propiamente, designa a todas sus variables posibilidades concretas (sea este un pino o un roble)”.

-        En el habla oral: la presencia del emisor, una audiencia sobre la cual exponer; o acaso la solidificación interna-estructural de una entidad ajena a la del emisor aunque propia de sí. Prosiguiendo, diremos que otro elemento esencial del habla, es cómo se la capta: mediante la audición. Y he aquí el factor determinante de su esencia: <<es>>, cuando está el emisor y un receptor, y si no <<está>> ni siquiera la presencia de su voz, pues entonces no es.
Aunque la oratoria pueda ir relacionada con los elementos recitativos; diremos que su relación es inmediata. El habla escrita puede ser sin estar precisamente; mientras que el habla, requiere estar para luego ser la palabra que, trascrita u oída, por ejemplo, resulta un factor también objetivo que contiene dentro de sí la historia de un desarrollo gnoseológico que, muchas veces, parece ignorarse precisamente por quienes vuelven a escribirlas, ahora ya procediendo del dialogo instantáneo y de no de las obras trascendentales históricamente.
Y así también, diremos que en la escritura, lo que resulta es más bien una relación mediata entre emisor y receptor. Ya que para que haya habla oral, es menester que dos presencias coaccionen la una con la otra, con la suficiente cercanía para poder escucharse mutuamente; situación que evidentemente no se presenta en la lectura (de no ser porque sea recitada, lo que nos llevaría a pensar más bien en el discurso). Y en tales casos, el habla oral ya no es espontanea, sino que aprendida, y hasta memorizada. Lo que puede comprobarse, cuando se inquiere por la estructura subterránea de los datos empleados en el discurso, que apenas si son concebidos por el que tiende a memorizar.
-  Su relación con la lectura.- aunque ambos tipos de habla puedan ser parte del lenguaje; funcionan independientemente  dentro del todo lingüístico-hablado. Aunque esto no suponga la idea de que no puedan coaccionar mutuamente; variando las disposiciones que puedan formularse sobre un factor respecto del otro. Si un objeto es, no importa cómo sea enunciado, seguirá siendo lo que es; lo que no es… pues entonces, que cada quién haga con aquello lo que le venga en gana.