TEORÍAS QUEER, ¿MATERIALISTAS O SUBJETIVISTAS?

CUESTIÓN FUNDAMENTAL

La cuestión que intentaremos resolver en este texto, consistirá en la clasificación de las teorías queer, en teorías materialistas, o puramente subjetivistas. Es decir, para nosotros, el tema fundamental aquí será: ¿cómo se establece una incompatibilidad entre lo que Rafferty llama “Sexo” e “Identidad de Género”? ¿Basta acaso el testimonio subjetivo del individuo, o es acaso necesario un análisis material del individuo, con la finalidad de determinar aquellas condiciones materiales que fundamenten físicamente la incompatibilidad entre el sexo y la identidad de género? Para el primer caso, bastaría que un individuo se diga incompatible con su sexo, para que tal incompatibilidad quede garantiza. Sin embargo, para el segundo caso, no bastaría el testimonio sino que serían necesarios ciertos resultados físicos que den una justificación materialmente objetiva de la incompatibilidad en un individuo entre su sexo y su identidad de género, por ejemplo, una anomalía cromosómica u hormonal. Es decir, lo que plantearía una teoría queer materialista, sería la necesidad de que una anomalía hormonal sea causante de la disforia de género. Ósea, que el hipogonadismo implique necesariamente la disforia de género, algo que, sin embargo, no es verdadero. Aunque esto ya lo detallaremos después.

TEORÍAS QUEER SUBJETIVISTAS

Según el Dr. Jason Rafferty, pediatra y psiquiatra estadounidense, en un artículo del sitio web, healthychildren.org, llamado “El desarrollo de la identidad de género en los niños”[1], hay una marcada diferencia entre el sexo o genero asignado y la identidad de género, que más bien referiría “al sentimiento interno que las personas tienen de quiénes son, que surge de una interaccion de los rasgos biológicos, las influencias del desarrollo y las condiciones del entorno. Puede ser masculino, femenino, algo en el medio, una combinación de ambas cosas o ninguna”. Es decir, una cosa es el Genero referido a la corporeidad biológica, y otra muy distinta, la Identidad de Género, que ya no referiría a la corporeidad biológica, sino a la autopercepcion que el sujeto sexuado le da a esta corporeidad suya desde los “sentimientos internos”. Rafferty explica: “En la mayoría de los niños, la identidad de género declarada coincide con su género asignado (sexo). No obstante, en algunos niños, la correspondencia entre el género asignado y la identidad de género no está tan clara”. Con esto, se abre las puertas hacia la concepción de un sujeto inconforme con su sexo. Es decir, se avala psicológicamente la posibilidad “natural” de que uno pueda tener una identidad de género incompatible con el género asignado propio.

Ahora bien, según lo expuesto, podemos evidenciar que el Género referido en el Género asignado, o sexo, es una Idea corpórea, mientras que el Género referido en la Identidad de Género es una Idea psicológica. Así pues, nos parece importante destacar que, según Rafferty, “si bien la conducta especifica de género de un niño (es decir, la expresión de género) puede parecer, en algún momento, estar influenciada por la exposición a estereotipos y a su identificación con las personas de su vida, no es posible cambiar el sentimiento interno de ser una niña, un niño, algo entre el medio u otra cosa (es decir, la identidad de género)”. Con esto, queda sentado que el “sentimiento interno” que conduce a un sujeto a considerarse niño, siendo niña, no es algo que dependa de nadie ni nada. Únicamente del sujeto en cuestión. Esto, ya que ante la pregunta, ¿cómo se desarrolla la identidad de género en los niños?, Rafferty responde como si tal desarrollo únicamente fuera evidenciable a través de testimonios del sujeto. Pues nada se habla sobre análisis hormonales o cromosómicos que reflejen la necesidad de una autentica anormalidad corpórea en el sujeto con disforia de género. Siendo así, cabría estimar que, para Rafferty, únicamente la subjetividad del individuo, o su “sentimiento interno”, pueden determinar si se identifica con tal o cual sexo. Y en el caso de que hubiera incompatibilidades entre su sentimiento interno y su género asignado, habrá que aceptar la identidad de género que ha escogido, aunque ésta sea contradictoria con su sexo, pues “todos los niños (sean del género que sean, o aunque no lo tengan) necesitan apoyo, amor y cuidado de su familia, de la escuela y de la sociedad”.

Concluyendo, diremos que Rafferty sostiene una postura subjetivista sobre la identidad de género, ya que sería el sentimiento interno del individuo el que determinaría el sexo que realmente debería tener y que los demás deberían aceptar, aunque eso sí, la transformación hacia el sexo deseado sea imposible. Subjetivista porque no se propone que sea la materia objetiva la que determina a tal sujeto a tener una identidad de género incompatible con su sexo, quiera esto o no; sino que es el sentimiento interior, ósea, la subjetividad, la que determina voluntariamente si se siente o no del sexo que es.

TEORÍAS QUEER MATERIALISTAS

Postulamos que una teoría queer materialista lo es cuando no basa completamente el establecimiento de la disforia de género en el testimonio subjetivo, sino que, por el contrario, establece tal disforia de género en función de evidencias materiales que justifiquen dicha disforia. Por ejemplo, al plantear que “las hormonas endógenas más los factores socio ambientales influyen en las diferencias de género”. Puesto que, en tales casos, ya la disforia de género no se justificaría en puros testimonios del sujeto con disforia; sino en pruebas materiales y objetivas que no dependan del sujeto. Según esto, afirmaremos que una teoría queer es materialista, por ejemplo, cuando justifica la disforia de género no ya mediante el testimonio individual sino mediante un estudio del cariotipo.

Sin embargo, contra las teorías queer materialistas, se pueden apuntar grandes debilidades. Por ejemplo, según un caso clínico expuesto en la “Revista Venezolana de Endocrinología y Metabolismo”, los médicos encargados concluirán lo siguiente: “las anomalías cromosómicas son infrecuentes y no parecen estar asociadas con el trastorno de identidad de género, evidenciando una prevalencia baja de 1,5% de aberraciones cromosómicas en general.” Incluso, más adelante, se leen conclusiones más tajantes: “… no existe hasta ahora ninguna descripción fisiopatológica concluyente, de anomalías en los cromosomas que se encuentren directamente vinculadas con la transexualidad”.

Finalmente, un caso clínico masculino[2] con disforia de género que, además, sufre también de Ginecomastia grado II, síndrome de Klinefelter, y que parecería evidencia suficiente para fundamentar la existencia de determinantes materiales y objetivos que provoquen la disforia de género, resulta insuficiente ante las siguientes deficiencias. Ni la Ginecomastia, ni cualquier otro desorden hormonal, suponen necesariamente la disforia de género. Así también, el síndrome de Klinefelter no implica tampoco necesariamente disforia de género. Con lo cual, no existe una verdadera necesidad de que el transexual sufra de una condición hormonal o cromosómica de carácter patológico, para ser propiamente transexual. De hecho, en este mismo caso clínico, se llega a la siguiente conclusión: “La transexualidad es la condición según la cual una persona nace con un sexo especifico (genético, gonadal, genital y fenotípico) pero se siente y se percibe del sexo opuesto”. Con lo cual, aparecería evidente la inutilidad del cariotipo a la hora de justificar la disforia de género. En cambio, el último recurso al que llegamos es al sentimiento, expresado en el lenguaje. De modo que, al parecer, nos vemos obligados a aceptar la disforia de género como justificada en el testimonio subjetivo, y no en un cariotipo patológico, o en desordenes hormonales.

La “peligrosa” teoría queer y el asesinato de “las mujeres”

CONTRA EL SUBJETIVISMO

Habiendo establecido que las teorías queer materialistas carecen de pruebas para justificar el origen físico y objetivo de la disforia de genero, lo que nos resta es aceptar la validez de las teorías queer subjetivistas, en la medida en que ya la disforia de genero no sería un problema físico ni objetivo, sino psíquico y subjetivo. No obstante, el problema central en este momento será el siguiente: ¿hay que aceptar esta filosofía subjetivista de modo que no se nos denuncie de discriminatorios? Para esto, analicemos más a profundidad a qué nos referimos por materialistas y subjetivistas, independientemente de su relación con las teorías queer.

SUBJETIVISMO

Por subjetivismo entendemos aquellas filosofías que plantean como único criterio de validez al sujeto y su perspectiva subjetiva sobre las cosas. Esto, ya que se rechazaría el conocimiento de verdades objetivas, debido a la imposibilidad del sujeto para salirse de sí mismo, y contemplar la realidad como es. Así pues, el subjetivismo plantearía que algo es verdad si lo es para un sujeto, de suerte que la incompatibilidad entre sexo e identidad de genero puede aparecer como verdadera en la medida en que lo sea para un sujeto que así lo declare. Y dado que para el subjetivismo el único criterio de validez es el sujeto, pues las consecuencias resultan obvias.

MATERIALISMO

Ante tales cosmovisiones que reduzcan los criterios de validez al sujeto, deberemos nosotros, materialistas, oponernos radicalmente. Pues ni la materia es válida porque un sujeto la valide previamente, ni tampoco es verdadera porque un sujeto la haga ser verdadera. Es decir, como sujetos, estamos realmente sometidos a leyes y principios materiales que no dependen de nuestra voluntad, con lo cual, nos resultaría imposible aceptar que subjetivamente una mujer se considere hombre, aunque materialmente sea mujer. Peor aún tolerar sus delirios subjetivistas, e identificarla no como materialmente es, sino como subjetivamente se considera. Esto, porque el materialismo, a diferencia del subjetivismo, exige la idea de una materia objetiva, independiente de los sujetos. Con lo cual, habría elementos materiales que nos conforman, pero que no podemos cambiar simplemente porque así lo deseemos subjetivamente. Es decir, para un materialista, el transexual podrá exigir a otros ser considerado no según su sexo material, sino según el sexo que subjetivamente desea, pero eso no impedirá la imposibilidad de que el transexual pueda realmente transformar su sexo material en su sexo de preferencia.

EL “SOCIALISMO” APOYANDO AL SUBJETIVISMO

Para concluir, deseamos exponer el funcionamiento de ciertas definiciones bastante engañosas una vez operadas entre sí. A saber, la llamada identidad de género (autopercepción del individuo sobre su sexo), y el sexo (o como lo llama Rafferty, el género asignado). Decimos que operadas entre sí estas definiciones resultan engañosas, porque una vez que los transexuales son definidos como sujetos cuya identidad de genero es incompatible con su sexo, se procede a dejar que el sentimiento del sujeto elija su sexo deseado, y lo que es peor, al menos para un socialista, es la exigencia que se le impone a la sociedad para que perciba al transexual no ya según su sexo, sino según su identidad de género, aun cuando tal identidad de genero sea incompatible con su sexo, es decir, con su realidad material. Pues el socialista se vería obligado a aceptar un particularismo subjetivo, y no sólo tolerarlo, sino apoyarlo y hasta financiarlo. Cosa paradójica, pues el socialismo desde antaño consiste en la protección de las mayorías, no de minorías privilegiadas. Inclusive, el socialismo marxista, tendría un carácter netamente materialista, con lo cual, resulta asombroso que hoy en día, socialistas marxistas, defiendan el apoyo de particularismo subjetivos, aun cuando las mayorías proletarias estén en desacuerdo con tales ideologías. Por ejemplo, no es raro ver hoy en día partidos de izquierdas, declarados socialistas, como el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) o PODEMOS, que no sólo aceptan sino que imponen a todos sus ciudadanos la obligación de reconocer a los transexuales no como lo que son, sino como lo que ellos dicen ser, aunque tales dichos sean burdamente subjetivistas, para nada materialistas.

Además, como ha quedado claro, ya no vale la excusa (o más bien trampilla aparentemente materialista) de que los desórdenes cromosómicos u hormonales justifiquen la disforia de género, porque como se ha visto clínicamente, tal relación es inexistente e innecesaria. De suerte que lo único que queda, es defender la disforia de género como fundada en el “sentimiento interior” del individuo. Sentimiento interior al que, además, no sólo hay que tolerar y aceptar, y reconocer como delirantemente se autopercibe, sino que peor aún, hay que darle los derechos del sexo al que dice pertenecer, y nadie de la sociedad puede hacer o decir nada porque estaría irrespetando ese bendito sentimiento interior que, los “socialistas” actuales, obligan a tolerar. Pero, ¿es que acaso no se dan cuenta estos “socialistas” de que apoyan una ideología que recae en el más burdo y grosero subjetivismo? ¿Entenderán acaso que el socialismo defiende a las mayorías, como el proletariado, y no a minorías merecedoras de privilegios? ¿Sabrán acaso lo que apoyan, o es que simplemente lo hacen para no quedar mal con unos Jefes sin rostro?



[1] LINK: https://www.healthychildren.org/Spanish/ages-stages/gradeschool/paginas/gender-identity-and-gender-confusion-in-children.aspx

[2] Transexualidad y Síndrome de klinefelter. ¿cariotipo, imprescindible en el protocolo de reasignación de sexo? A propósito de un caso.

LINK: http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1690-31102017000100008



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